
Ocurre que el cambio es algo inevitable en nuestras vidas.
Nos guste o desguste, el cambio es la vida misma… Incluso de lo que no es vida también.
Maravilla conocer el cuerpo humano y su constante e incesante movimiento. División y metamorfosis del cuerpo físico, que nos habla quizas a gritos de los cambios internos de nuestros otros cuerpos.
Se sabe en nuestra cultura que desde el momento de la concepción sufrimos impresionantes cambios en milisegundos, división y mitosis de células TOTIPOTENCIALES, es decir somos la potencialidad misma.
Pasamos rápidamente a evolucionar en segundos y pasar por toda la rama de las especies, es una muestra de cómo pasamos por este proceso hasta llegar a ser hombre o mujer, seres humanos, o esa es la idea.-
Incluso culturas milenarias nos hablan que pasamos por procesos evolutivos antes de nacer. Que por lo tanto este constante cambio no cesa, somos parte de una misma energía y como nosotros cambiamos, el universo y nuestro planeta cambia.
Recorremos una enorme cambio en segundos, y desde allí, sin parar y quizas sin notarlo, por inatentos, los cambios no paran, vida y muerte nos acompaña, luz y oscuridad, yin y yang, sol y luna, hombre y mujer, ciclos tras ciclos, en algún momento los ciclos se repiten, y somos nosotros y nuestros cambios los que pueden hacer diferentes cada ciclo….
Es difícil seguir la prática de observarnos, de observarnos como uno, de entender que somos uno con todo. Que nuestra tierra somos nosotros, pues como ella nace, se multiplica, se desarrolla, decae y muere, así nosotros vivimos ese proceso. Y finalmente es proceso, simple y maravillosa evolución.
Incluso culturas milenarias nos hablan que pasamos por procesos evolutivos antes de nacer. Que por lo tanto este constante cambio no cesa, somos parte de una misma energía y como nosotros cambiamos, el universo y nuestro planeta cambia.
Recorremos una enorme cambio en segundos, y desde allí, sin parar y quizas sin notarlo, por inatentos, los cambios no paran, vida y muerte nos acompaña, luz y oscuridad, yin y yang, sol y luna, hombre y mujer, ciclos tras ciclos, en algún momento los ciclos se repiten, y somos nosotros y nuestros cambios los que pueden hacer diferentes cada ciclo….
Es difícil seguir la prática de observarnos, de observarnos como uno, de entender que somos uno con todo. Que nuestra tierra somos nosotros, pues como ella nace, se multiplica, se desarrolla, decae y muere, así nosotros vivimos ese proceso. Y finalmente es proceso, simple y maravillosa evolución.
Que este proceso podemos vivirlo tan salvaje como un animal; pero como el animal lo vive en forma pura, solo sintiendo la energía de la vida; o como seres humanos, que por cierto se nos dio la facultad de observar.
Hoy observo, surgen preguntas no! de la pequeñez de la mente… pues claro ésta no lo entiende, no al menos como la no mente. Del egoísmo surge los porque yo, y como no si el sufrimiento y dolor nos hace reaccionar y no accionar…
Pero hay algo que siempre recuerdo, que es bueno y que es malo en su momento, de eso no tenemos idea!!!
La catastrofe!! observo inevitable sufrimiento, dolor, angustia en hermanos y reacciones a veces desmedidas, de violencia, rabia, impotencia, desesperación, incluso porque no decirlo… simple desorientación.
Estos días y esta inmensa ola de energía vivida en nuestras tierras, no se si nos debiesen mover los sesos y reflexionar. Pero al menos a mi me ocurre, ¿Qué es lo real, que cantidad de cambios pasamos por alto, que energías se liberan en nuestras vidas, que calidad de seres humanos somos?
Acompaño por ahora con el sentir, que si el dolor es uno, pienso cuanto dolor siento hoy.
Acompaño y pido a Dios (llámese como lo quieran llamar), Madre Tierra, Kamis, Ancestros, Maestros, que aliviane el dolor desmedido y que nos de la facultad de observar con ojos más limpios. Mandemos nuestras buenas intenciones y nuestras vibras a nuestra gente.
No olvidemos de sentir en lo más adentro, pues eso mismo esta allá afuera. Ese movimiento gigante que ocurre dentro ocurre también afuera, somos cosmo, somos polvo de estrellas. Pues estrellas acompañenos.
Cariños